Aventuras en México (1959)

22Cruzar el Atlántico en un pequeño velero, arribar  a México, rastrear en aquel vasto territorio a su padre y regresar a su villa de pescadores en España. Tal era la “simple” bitácora del ruiseñor. Sólo una carta de despedida y ¡a la mar!

Si Joselito ya era casi propiedad de los iberoamericanos y estos le rendían un culto casi divino, nada más apropiado que una realización en territorio americano. Y  el elegido fue el país azteca.  De la mano del ruiseñor y de su circunstancial amigo Pulgarcito (Cesáreo Quesadas)  pudimos conocer  la Plaza de Armas con su imponente Catedral Metropolitana, seguir brevemente una corrida de toros, disfrutar de una coreografía de danzas nativas- a quienes el pequeño andalucito confunde con antropófagos- y hasta compadecer a nuestro querido amigo probando unos “picosos” tacos en un carrito de la ciudad.

 

 

 Me atrevo a afirmar que Huapango torero es una de las canciones que más ha impactado en los recuerdos del propio Joselito. A lo largo de su vida la ha cantado en reiteradas

 

 

 

 

 oportunidades como si esta bellísima canción fuera la síntesis de su época de oro. Tal vez lo sea. Pero cada uno de los que disfrutamos  de aquellas bellas melodías, cada uno de los que –como a buenos americanos-nos alcanzaban las generales de la ley y, por ende,  lo idolatrábamos,  podemos tener distintas percepciones e incluso disentir. Es un secreto a voces que hay quienes quieren  escuchar una canción de Joselito el día que deban rendir cuentas ante el Creador, tal vez con la también secreta esperanza que una pequeña distracción del Señor podría hacerlo olvidar de alguna transgresión cometida en vida. Creo que a mí no me va a alcanzar ni con la Canción del eco. Y algunos/as van a necesitar todo el repertorio del ruiseñor para lograr ese propósito. Igualmente…¡suerte con eso!

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