El pequeño coronel (1960)

31Por fin Joselito no es el niño pobre que conocíamos. Ahora pertenece a la nobleza española ostentando nada menos que el título de Conde. No obstante continúa  perseguido por  el recurrente destino de la orfandad. Aparece un tío que resulta no ser tal y que está dispuesto  a deshacerse de aquel pequeño obstáculo con el fin de apropiarse de la fortuna familiar.

Y el ruiseñor vuelve a las andadas, acoplándose por casualidad  a un grupo de patéticos bandoleros a quienes logra dominar a fuerza de cantes y trabucazos, al extremo de ser aceptado como un “pequeño coronel”. Episodios risueños y dramáticos se suceden alternándose con las bellas canciones que alcanzan el clímax con la soberbia y magistral interpretación del Ave María de Gounod.

 Para mentes infantiles como las nuestras, “El pequeño coronel” podría ser la película épica de3 Joselito. Poco costaba asociarla a aquella literatura que abordaba la piratería y que comenzaba a calar hondo en nuestra fantasía de preadolescentes. Devorábamos las obras de Verne, Salgari, Stevenson y, haciendo juego, llegaba esta producción, alcanzándonos la oportunidad única  de experimentar  la magia de combinar diálogos con  canciones populares o a medida que hacían las delicias de un público que, sin temor a equivocarme, ya era Joselito-dependiente. Ese público que  lo sabe imprescindible y propio, que ríe cuando él ríe y suelta una lágrima cuando  sufre. Extraño fenómeno.  Pero Joselito era así…un extraño fenómeno.

 

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