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La cieguita
Aporte de Clovis Caetano-Brasil
A pesar del mucho tiempo, desde entonces
transcurrido
aún mi pecho conmovido se recuerda con dolor
desde el día que en paseo, vi en un banco a una cieguita
y a su lado a una viejita, que era su guía y su amor.
Y observé que la chiquita, de ojos grandes y vacíos,
escuchaba el griterío de otras nenas al saltar.
Y la oí que amargamente, en un son que era de queja,
preguntábale a su vieja: “¿por qué yo no he de jugar?”
Y a punto fijo, no sé
si el dolor que sentí
fue escuchando la voz de la nena,
o fue que cuando miré
a su vieja, advertí
que lloraba en silencio su pena.
¡Ay, cieguita!...
dije yo con gran pesar.
Ven conmigo, pobrecita,
le di un beso y la cieguita
tuvo ya con quien jugar.
Y así fue que diariamente, al llegar con su viejita
me buscaba la cieguita, con tantísimo interés.
¡Qué feliz era la pobre cuando junto a mí llegaba
y con sus mimos lograba que jugásemos los tres!
Pero un día, bien me acuerdo, no fue más que la viejita
que me dijo: “la cieguita está a punto de expirar...”
Fui corriendo hasta su cuna, la cieguita se moría,
y al morirse me decía: “¿con quién vas ahora a jugar?”.
Y a punto fijo, no sé
si el dolor que sentí
fue escuchando la voz de la nena,
o fue que cuando miré
a su vieja, advertí
que lloraba en silencio su pena.
¡Ay, cieguita!...
Yo no te podré olvidar
pues me acuerdo de mi hijita
que también era cieguita
y no podía jugar.
“O”
Aporte de Clovis Caetano-Brasil
O te marchas para siempre de mi vida,
o no vuelvas a decirme que te vas.
O me quieres con pasión enloquecida,
o me dejas de querer y nada más
O te olvidas para siempre de mi suerte,
o recuerdas que eres toda mi ilusión,
o me alientas a vivir para quererte,
o me matas de una vez sin compasión.
No concibo el amor sin decisiones,
yo no entiendo tu modo de querer.
O me quieres con pasión enloquecida
o me dejas de querer y se acabó.
O te marchas para siempre de mi vida,
o no vuelvas a decirme que te vas.
O me quieres con pasión enloquecida,
o me dejas de querer y nada más
O te olvidas para siempre de mi suerte,
o recuerdas que eres toda mi ilusión,
o me alientas a vivir para quererte,
o me matas de una vez sin compasión.
No concibo el amor sin decisiones,
yo no entiendo tu modo de querer.
O me quieres con pasión enloquecida
o me dejas de querer y se acabó.
o me dejas de querer y se acabó.
o me dejas de querer y se acabó.
El “7 leguas”
que Villa más estimaba,
cuando oía silbar los trenes,
se paraba y relinchaba,
Siete leguas, el caballo,
que Villa más estimaba.
Oye, tú Francisco Villa,
¿qué dice tú corazón?,
¿que no te acuerdas, valiente,
cuando tomaste Torreón?
¿Que no te acuerdas, valiente,
que atacaste Paredón?
En la estación de Irapuato,
cantaban los horizontes,
allí combatió formal,
la brigada Bracamontes,
en la estación de Irapuato,
cantaban los horizontes.
Como a las tres de la tarde,
silbó la locomotora.
¡Arriba, arriba muchachos!,
pongan la ametralladora.
Como a las tres de la tarde,
silbó la locomotora.
Adiós torres de Chihuahua,
adiós torres de cantera,
ya viene Francisco Villa,
a quitarles la frontera,
ya viene Francisco Villa,
a devolver la frontera.
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