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A Joselito no le podían ocurrir cosas peores que las que se narran en
esta película. Si El ruiseñor de las cumbres tenía componentes de la picaresca y El pequeño coronel se nos ocurría épica, Los dos golfillos sería la película “under” del pequeño andaluz. Secuestro y chantaje dan origen a esta historia donde se desnudan las miserias humanas y la perversidad con saña poco común.
Una pareja que se apropia de aquel niño hermanándolo con otro (Pablito Alonso) con el fin de obtener ganancias a costa de sus talentos. Dos muchachitos de la calle cuya supervivencia y la de sus
“padres” dependerá de lo que recauden tocando y cantando en cualquier esquina. La plaza Catalunya de Barcelona será el primer escenario
donde esa pequeña orquesta nos hará conmover con una triste
historia de chavales abandonados y sufrientes. Y en los aledaños del puerto, el relato melancólico de una historia de amor narrada en la bellísima y eterna Pequeña flor, seguramente otro de los íconos musicales de Joselito. Enredos de identidad y el final inesperado, innecesario, donde el guionista, una vez
más, se ensaña con el ruiseñor y… con los espectadores: la muerte del medio hermano. Jirones de Joselito intentan despedirlo con la canción preferida… Y…parafraseando al Huapango torero: Silencio…el ruiseñor y el público están
llorando.
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